miércoles, 19 de febrero de 2014

Y la decepción siempre llega...

¿No has creído alguna vez, que aquellas palabras nunca serían verdad? Aquellas que tu madre, o tu padre, en realidad importa poco quien fuera, te las decía cada vez que volvías deprimido a casa, por culpa de un malentendido con algún amigo. " La gente es toda igual, no existen los amigos, no te fíes de nadie". 

En la infancia, estas palabras no tienen sentido, las discusiones duraban segundos, no tenían importancia, porque lo único importante, era ver quien era capaz de no reírse el primero, tras ponerse verdaderamente serios. Las peleas, las discusiones con los demás niños, eran una rutina más del día a día, que quizá comenzaba con un empujón en la fila antes de entrar a clase. 

Con el tiempo, echas de menos ser un niño, en parte, quizás, porque las discusiones con las personas no duran eternamente, que a los segundos, os estáis abrazando. Con el tiempo, el cruel tiempo, te das cuenta de que las palabras que te repetía tu madre al volver a casa, eran ciertas. Que no puedes confiar en nadie, que esas vagas esperanzas de encontrar a alguien en quien confiar no existen. Son solo ilusiones de una utopía, soñadas por más ilusos como yo. 

Pero la decepción, la decepción es un sentimiento del que eres consciente cuando creces. Te das cuenta de que la gente decepciona, más de lo que nadie puede imaginar. Tu, inocente vástago de un sueño, intentas no decepcionar a nadie, disculparte, aunque lleves la razón y esperar una disculpa que no llega, porque aún sueñas con que esa utopía, se puede realizar. Los otros, en cambio, les da igual decepcionar, porque quizás no tengan valores, o quizás, y digo quizás, siempre seas el estúpido inocente que sueña despierto, imaginando un mundo, en el que las discusiones terminen en abrazos, y estos en risas. Un mundo en el que las personas pueden confiar unas en otras. 

Pero al fin y al cabo, todo esto, sigue siendo un sueño