sábado, 3 de mayo de 2014

Sinceridad - Una palabra, una historia

Todo el mundo me lo recordaba, es mejor ser sincero. La sinceridad es algo muy valioso que tiene el ser humano. Yo siempre me pregunto algo, ¿Dónde está esa sinceridad? ¿En algún lugar remoto de nuestro corazón? ¿Al lado del estómago? ¿En alguna parte del intestino? No vale la pena buscarla, pues en muchas ocasiones, ni siquiera existe.

La sinceridad es como una utopía, pues, quien la tiene, a quien se le asoma por el corazón, esa, esa persona es ignorada. Una oveja negra más en este sociedad. Los sinceros, los honestos, no tienen cabida en esta sociedad de mentirosos.

Estas palabras me las dijo mi hermana Nathia antes de ser ejecutada en aquella torre y oscura y lúgubre que se encuentra al lado del centro psiquiátrico Nimeysuly. A ella la encerraron por contar que el gobierno se había dedicado a matar  a todos los vagabundos de las calles de nuestra ciudad par el campeonato del mundo de deportes. Por eso la habían encerrado por esto, ejecutarla por decir que la máxima responsabilidad era del presidente.
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Yo transcribo estas palabras, en este trozo de papel, que acabo de encontrar debajo de una trozo de piedra. Quien sabe quien o escondió ahí. No hay nada escrito, así que me he tomado la libertad de escribir estas humildes y sinceras palabras con mi propia sangre. Yo también voy a morir, no se cuantos minutos me quedan. Cuantos segundos. Solo quiero que las palabras de mi hermana, lleguen al corazón, para que enciende la mecha de la honestidad en algunas personas. Me despido, siendo la sinceridad mi único delito