viernes, 19 de diciembre de 2014

Chocolate - Una palabra, una historia.

Miró los cuadros silenciosamente mientras esperaba a la chica de la que estaba enamorado. Se fijó en el barco de uno de ellos, parecía navegar en el pequeño río en el que cuidadosamente, con suaves trazos, estaba dibujado. Se quedó anonadado con la siguiente imagen. La calle de una hermosa ciudad se presentaba ante sus ojos, los trazos en esta ocasión eran más gruesos, pero le daban a la imagen una belleza inusual. En la calle se podían ver pequeñas manchas que parecían personas paseando bajo un cielo nublado y oscuro, un día de lectura intensa

Le maravillaron cada uno de los cuadros de la habitación dónde se encontraba. Adoraba cada uno de ellos, como su amada había jugado con los trazos y los colores para así darle una belleza especial y auténtica a cada uno de ellos. Creyó que podría quedarse mirando los cuadros de la joven que le habló por primera vez en la biblioteca en cuarto de primaria durante toda una vida. Quizás dos, o todas las que viviera.

Ni siquiera se dio cuenta de cuando entró en el cuarto Elisa con una bandeja llena de bombones de chocolate hechos por ella misma. Le hizo gracia cómo Ricardo miraba los cuadros de aquella manera tan graciosa, cómo cuando miraba los cuadros de Velázquez, que les encantaban a los dos. 

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En ese momento lo único que deseaba Elisa era estar en silencio junto a Ricardo, admirando sus cuadros, o los de Velázquez o la vida. Lo único importante para los dos era estar juntos.